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Todos contra todos: la guerra de insultos presidenciales amenaza el comercio en América latina

La región, que solía venerar el principio de no intervención en los asuntos de los demás, ha descendido a un conflicto de personalidades sin cuartel.

El mayor boom de los últimos tiempos en América latina ha sido el de los insultos transfronterizos. A los presidentes de todos los colores parece gustarles intercambiar insultos.

"Asesino terrorista", "fascista ultraconservador", "perrito faldero del imperialismo", "Hitler"... los insultos que los líderes de la región se lanzan unos a otros no causan rubor. Javier Milei, líder libertario argentino, llegó a calificar a los partidarios del mexicano Andrés Manuel López Obrador como un "club de los penes cortos".

Esta región ideológicamente díscola, que solía dividirse según las predecibles líneas izquierda-derecha y venerar el principio de no intervención en los asuntos de los demás, ha descendido a un conflicto de personalidades sin cuartel.

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Cuando los presidentes de izquierda de Brasil y Colombia cuestionaron la decisión de la Venezuela socialista de prohibir al principal candidato de la oposición presentarse a las elecciones presidenciales de julio, Jorge Rodríguez, presidente del Congreso, les dijo "métanse sus opiniones por donde les quepan".

Las disputas también pueden tener consecuencias desagradables. En varios casos, los insultos han provocado la suspensión de relaciones diplomáticas o la retirada de enviados.

La semana pasada, el presidente de Ecuador, Daniel Noboa, intensificó la disputa con López Obrador al ordenar a la policía que irrumpiera en la Embajada de México en Quito, violando los protocolos diplomáticos.

"No creo que haya habido tantos insultos, gritos y destituciones de embajadores en la región en mucho, mucho tiempo", dijo el exministro de Asuntos Exteriores de México, Jorge Castañeda. "Es una especie de batalla campal de todos contra todos".

Los políticos populistas que aprovecha una ola de apoyo en las redes sociales son parte del problema. Una vez elegidos, no ven razón alguna para frenar los ataques contra sus oponentes, una táctica que funciona bien en campaña.

La pelea entre Ecuador y México se intensificó después de que López Obrador sugiriera que la victoria electoral de Noboa era sospechosa. El acalorado líder ecuatoriano respondió expulsando al embajador de México.

López Obrador concedió entonces asilo político a Jorge Glas, exvicepresidente ecuatoriano fugitivo refugiado en la embajada de México en Quito. Por si fuera poco, calificó al gobierno de Noboa de "fascista". Horas después, Ecuador ordenó a la policía que ingresara a la misión diplomática y sacara a la fuerza a Glas.

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La guerra de insultos presidenciales no podía estallar en peor momento. América latina se enfrenta a una serie de problemas desalentadores: un crimen organizado que crece como la espuma, el agravamiento del cambio climático, una migración ilegal sin precedentes y un estancamiento económico persistente.

"Con tan desagradables insultos y acciones impetuosas por parte de varios líderes de la región, es difícil ser optimista en cuanto a la materialización de avances reales", afirmó Michael Shifter, expresidente del Diálogo Interamericano, un centro de estudios de Washington.

Los organismos creados para unir a la región son disfuncionales. La Organización de Estados Americanos, dominada por Estados Unidos y dirigida por un combativo y conservador secretario general, Luis Almagro, no goza de popularidad entre los líderes socialistas latinoamericanos.

La Celac, la comunidad latinoamericana y caribeña creada con la ayuda del fallecido Hugo Chávez, es querida por la izquierda, pero tambaleante: su reciente declaración elogiando la "convincente victoria" de Vladimir Putin en las elecciones presidenciales rusas fue posteriormente repudiada por diez Estados miembros.

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No es de extrañar, pues, que el comercio entre los países latinoamericanos sea tan bajo. Se mantiene en torno al 20% del comercio total de la región, frente al casi 50% de Asia Oriental.

Lo que debería ser una oportunidad de oro -el nearshoring de la producción de China a países cercanos a EE.UU.- corre el riesgo de desperdiciarse. No es fácil montar una cadena de proveedores de países que comercian con insultos, más que con componentes.

Otras regiones colaboran más eficazmente. Alejandro Werner, director del Instituto de las Américas de Georgetown, recuerda cómo en su época de alto funcionario del FMI durante la pandemia "las delegaciones africanas presentaban una lista específica de peticiones conjuntas, mientras que América latina nunca tuvo una posición común". "El estilo de estos gobiernos populistas les da poco espacio para los asuntos exteriores", añade. "Todo viene del líder y el gabinete está para ejecutar, más que para proponer políticas".

La gran preocupación es que este giro desagradable en la política regional refleja una generación de líderes más preocupados por la mezquindad que por los asuntos serios del gobierno y la negociación internacional.

Un exministro de Finanzas latinoamericano lo dijo sin rodeos: "No recuerdo una época en que la región estuviera tan mal gobernada como ahora".

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