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Walter Isaacson: "A Elon Musk lo mueven los demonios"

El autor -que también escribió biografías de Steve Jobs, Leonardo da Vinci, Albert Einstein, entre otros- habla de lo que aprendió durante los años que pasó con "acceso total" al magnate de la tecnología

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En un viernes a última hora de la mañana me encuentro en el restaurante Galatoire's de Bourbon Street en Nueva Orleans -una calle famosa por sus edificios multicolores y sus bares salvajes- y parece que soy casi la única cliente sobria del local.

Reflexiono para mis adentros que parece un lugar extraño para conocer a alguien famoso por abordar cuestiones nobles, como la forma de propiciar la innovación en Estados Unidos o de lidiar con la inteligencia artificial (IA). O quizás no. El detonante de nuestro almuerzo es que Isaacson acaba de explorar estas cuestiones escribiendo la biografía de un hombre tan estrafalario, bocón, imprevisible y descabellado como cualquier bar de Nueva Orleans: Elon Musk.

Seguir a un polémico innovador no es una tarea nueva para Isaacson: ya ha escrito biografías voluminosas y exitosas de Steve Jobs, Jennifer Doudna, Leonardo da Vinci, Albert Einstein y Benjamin Franklin.

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Sin embargo, explorar la mente de Musk "no se parece a nada que haya hecho antes", dice mientras nos sentamos. "Le dije al principio del proyecto que si iba a hacer eso tenía que estar a su lado durante dos años y quería hablar con él casi todos los días; yo quería ser como Boswell mientras escribía la biografía de Doctor Johnson".

Eso lo llevó a "un viaje salvaje", dice Isaacson. Pero también lo hizo plantearse grandes preguntas: ¿hay que estar medio loco para ser verdaderamente innovador, o un genio? ¿Y cómo evitar que una mente brillante se descontrole?

"Me dijo que cree que es bipolar, pero que nunca se lo han diagnosticado", grita Isaacson unos minutos después, mientras empujo el micrófono hacia una copa de vino que tiene debajo de la boca para combatir la algarabía. "Pero creo que es más complicado". Sin duda alguna.

De joven, Isaacson estudió en Harvard y Oxford, se enamoró del periodismo y, tras trabajar para el diario británico The Sunday Times y el diario de Nueva Orleans Times-Picayune, se trasladó a Nueva York, donde desarrolló una ilustre carrera: llegó a ser editor de la revista Time y director ejecutivo de CNN antes de dirigir el Instituto Aspen, un grupo de expertos, y transformar su fortuna.

Pero cuando el huracán Katrina azotó su ciudad natal en 2005, sintió el deseo de reencontrarse con sus raíces. Así que regresó hace unos años y ahora enseña historia en la Universidad de Tulane, mientras defiende incansablemente la ciudad y sus iconos.

Mientras llega el vino, le pregunto cómo convenció a Musk para que apoyara su proyecto. Cuando escribió su biografía de Jobs, hace una década, el cofundador de Apple estaba dispuesto a hablar porque estaba luchando contra el cáncer y estaba consciente de su legado. Pero Musk es joven y aún se encuentra en un modo de expansión febril; ¿por qué hablar ahora?

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"En 2021, estaba buscando mi siguiente libro y muchos amigos, entre ellos Mike Bloomberg, me dijeron que debería escribir sobre Elon", explica Isaacson. "Así que alguien organizó una llamada telefónica con él y hablamos durante una hora y media, y le dije que si yo hacía eso, necesitaba acceso total, y que él no tendría absolutamente ningún control sobre el libro. Ninguno".

¿Él lo aceptó? Musk es famoso por su obsesión por controlar incluso los pequeños detalles de su vida.

Isaacson asiente con la cabeza. "¡Sólo dijo 'OK!' Luego me preguntó si me importaba que él hablara del libro con otras personas y, por supuesto, le dije que no". Unos minutos después, Isaacson se reunió con unos amigos que le dijeron que Musk había tuiteado -incluso durante la llamada telefónica- anunciando que Isaacson sería su biógrafo. Isaacson quedó sorprendido. "Fue el primer ejemplo que vi de su impetuosidad".

"Me dijo que cree que es bipolar, pero que nunca se lo han diagnosticado (...) "Pero creo que es más complicado"

Isaacson empezó a seguir a Musk, esperando que "sería fácil", ya que su nuevo sujeto estaba en la cima. Una década antes, dos de las compañías de Musk -Tesla y SpaceX- casi se habían ahogado en deudas. Pero para 2021, Tesla había vendido casi un millón de autos y SpaceX había realizado 31 lanzamientos exitosos. Ese repunte había convertido a Musk en el hombre más rico del mundo; y la revista Time y el Financial Times lo nombraron 'Persona del Año' por su visión en la transformación del transporte ecológico y los viajes espaciales.

Pero entonces "todo iba tan bien que Musk se sintió incómodo", dice Isaacson. "No le gustan las cosas cuando van bien. Es adicto al drama". Así que, quizá por aburrimiento, Musk urdió un plan para adquirir Twitter, el gigante de las redes sociales ahora conocido como X. "Cuando me enteré, supe que tendría un camino difícil como su biógrafo", señala Isaacson. "Pensé que era una locura. Musk no tiene empatía y por eso Twitter no era una buena opción para él".

La compra de Twitter

En la primavera de 2022, Musk ofreció u$s 44 mil millones por Twitter y se enfrascó en una guerra dañina con su personal, los medios de comunicación, los usuarios y los políticos liberales. Pero Musk no despidió a su biógrafo, sino que, según Isaacson, "me senté semana tras semana al margen, tomando notas. Estuve en la sala de conferencias en todas las reuniones corporativas, asistí a sus llamadas de Zoom. Estuve en cenas familiares con sus hijos".

¿Pero eso no violaba secretos comerciales? Me asombra lo que podrían pensar, por ejemplo, los accionistas de Tesla. "Me preocupaba el tema de la privacidad más que a él", señala Isaacson, que explica que estuvo presente durante los intensos debates internos en los que Musk decidió cambiar el enfoque de Tesla sobre los autos sin conductor, pasando de utilizar reglas prediseñadas para la IA hacia un enfoque de visión informática que estudia los videos de las cámaras a bordo de los autos Tesla para ver cómo conducen realmente los humanos.

Pero lo más explosivo fue cuando Isaacson vio cómo Musk se embarcó recientemente en una iniciativa hasta ahora secreta para crear una compañía de IA, en la que aparentemente espera utilizar los vastos almacenes de datos de Twitter y Tesla para adelantarse a otras compañías de IA como OpenAI. Esto podría tener una enorme importancia comercial para el sector de la IA.

Y lo que es más polémico aún es que Isaacson observó las negociaciones de Musk con el gobierno ucraniano a fines de 2022, cuando su ejército utilizaba el sistema de comunicaciones Starlink de SpaceX para apoyar a sus tropas. Musk impidió que el sistema se utilizara en zonas reclamadas por Rusia. "Tengo estos mensajes en tiempo real mientras él apagaba Starlink alrededor de Crimea porque había un ataque secreto con drones", me cuenta Isaacson, y algunos de ellos están en el libro.

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Estoy shockeada. ¿No podría eso poner vidas en peligro en Ucrania? ¿O perjudicar a los aliados occidentales del país? "Estos mensajes de texto son de hace unos meses. Si hubiera habido problemas operativos no los habría publicado", insiste Isaacson, señalando que SpaceX llegó posteriormente a un acuerdo con el Pentágono para poner el control en manos del ejército estadounidense. (Musk e Isaacson revisaron los detalles de la historia en los últimos días, sugiriendo que el servicio ya estaba desactivado en Crimea en el momento del ataque).

Los demonios de Musk

Musk adoptó la costumbre de llamarlo o enviarle mensajes de texto a altas horas de la noche para reflexionar sobre cualquier drama en el que se hubiera metido ese día. "Elon es muy voluble, pero nunca me dijo que excluyera algo del libro".

¿Alguna vez sintió que se estaba convirtiendo en su terapeuta, más que en su biógrafo? Isaacson se molesta. "Nunca quise ser ni su terapeuta ni su consejero". Es justo. Pero su relación pone de manifiesto el desafío de escribir sobre una persona viva: ¿Cómo puedes acercarte lo suficiente para capturar su esencia sin ser capturado tú mismo?

"Pensé que era una locura. Musk no tiene empatía y por eso Twitter no era una buena opción para él".

"Aprendí a no llenar sus silencios", explica Isaacson. "A veces nos quedábamos Elon y yo solos después de una reunión de la compañía y yo le hacía una pregunta y él no contestaba, y había cuatro o cinco minutos de silencio en los que él estaba procesando. A nosotros los periodistas nos resulta difícil permanecer en silencio".

Al principio, Isaacson se quedaba desconcertado, pero dice que Shivon Zilis (una ejecutiva de la compañía Neuralink de Musk que tuvo gemelos con él) le dijo que "Musk hace procesamiento por lotes; procesa la información secuencialmente y a veces se desconecta".

Esto lo hace parecer una computadora, reflexiono. Pero este análisis robótico se intercalaba con tremendos cambios de estado de ánimo. "Frente a mí adoptaba múltiples personalidades de Elon Musk. A veces entra en lo que Grimes [la cantante canadiense que es ocasionalmente novia de Musk] llama 'modo demonio'". Se enoja. "Pero luego, cuando se le pasa, apenas recuerda lo que hizo en modo demonio y se transforma de Dr. Jekyll s Mr. Hyde". ¡Vaya!

¿Por qué? En un reciente perfil de Musk en el New Yorker, el escritor Ronan Farrow sugirió que el consumo excesivo de ketamina podría explicar su volatilidad. Pero Isaacson discrepa: "No creo que sea un problema de medicación; él ha sido así durante mucho, mucho tiempo". En su lugar, cita el "dolor de su infancia": Musk creció en medio de la violencia en la Sudáfrica del apartheid, y tuvo una relación difícil con su padre; se quedó "sintiéndose como un extraño" y atormentado por la necesidad de demostrar su valía.

"A Elon Musk lo mueven los demonios", señala Isaacson con calma, y luego apunta que esto no es tan inusual, ya que muchos de los brillantes innovadores que ha estudiado anteriormente también estaban atormentados por sentirse marginados, ya fuera Einstein, judío en la Alemania de principios del Siglo XX, o Doudna, mujer que operaba en un mundo científico masculino, o Leonardo, hijo ilegítimo.

¿Tienen que ser los innovadores un desastre psicológico para tener la motivación necesaria para triunfar? Isaacson hace una pausa. "Musk atraviesa cambios de humor maníacos, depresiones profundas y momentos estimulantes en busca de riesgos, y si no tuviera esa personalidad maníaca que busca riesgos no sería la persona que lanzó vehículos eléctricos y puso cohetes en órbita", dice. "Mi conclusión es que todas las personas tienen facetas claras y oscuras, ya sea Da Vinci o cualquier otra persona. Celebramos a los claros y condenamos a los oscuros. Pero esas facetas están entrelazadas y no se pueden desenredar".

Isaacson cree que los demonios de Elon son también sus ángeles inspiradores.

Por supuesto, añade Isaacson, ésta no es la única clave de la genialidad: el otro rasgo que también comparten muchas de las personas que ha estudiado es la pasión por el estudio interdisciplinar. Leonardo, por ejemplo, exploró las artes, las humanidades y la ciencia en combinación, mientras que Jobs utilizó los principios de la caligrafía para diseñar computadoras. Isaacson sostiene que crear planes de estudios interdisciplinares es uno de los secretos para propiciar más innovación.

¿Podrían los "demonios" de Musk abrumarlo? Isaacson contesta con evasivas. "Siempre pienso que va a caer al precipicio con esa intensidad maníaca; está abarcando demasiado", admite, señalando que Musk está ahora a cargo de seis compañías: la plataforma de medios sociales X, Tesla, SpaceX, Neuralink, la Boring Company y su reservado grupo de IA, xAI. "Pensé que iba a destruir Twitter. Pero cada mañana me levanto y veo que se está convirtiendo en X.com, que es lo que él siempre quiso", añade Isaacson.

Lo mismo ocurre con la vida privada de Musk, que tiene 11 hijos de tres madres. "Tiene una creencia maníaca de que debe tener muchos hijos". Pero algunos de sus hijos son por fecundación in vitro (FIV). "No es que esté teniendo todas esas aventuras románticas". Muchos, como él, radican en Austin, porque "le gusta tener a sus hijos cerca". ¿Las madres se llevan bien? "No entre ellas", bromea Isaacson. Y a veces no con Musk: Grimes reveló recientemente tensiones en torno a sus hijos en un mensaje eliminado posteriormente en las redes sociales, y salió a la luz que ella tiene más hijos de él de lo que se pensaba.

¿Acabó cayéndote bien Elon?, le pregunto. "Hay momentos en los que es divertido estar con él y otros en los que es un imbécil", dice Isaacson. "Intento mostrar a todos estos Elons en el libro y luego dejo que la gente juzgue".

Entonces, ¿te sorprendió? "Sí." Enumera las sorpresas: la intensidad de sus estados de ánimo; su obsesiva adicción a la ingeniería y cuánto se enfoca en ella; el hecho de que "se volvió más intensamente político, ya que no lo era cuando empecé a escribir sobre él".

En contra de la percepción popular, Isaacson insiste en que a Musk "no le gusta Donald Trump; cree que es un estafador". Sin embargo, Isaacson admite que Musk ha desarrollado ahora "un populismo contra la clase política que se puede ver en Robert F. Kennedy Jr. y Vivek Ramaswamy, una mentalidad conspirativa sobre la clase política". Eso me parece alarmante con las elecciones de 2024 en ciernes y Musk a cargo de X.

Terminamos de comer, llega la cuenta y, mientras salimos al calor abrasador de Nueva Orleans, le pregunto a Isaacson sobre qué otro tema podría escribir que fuera igual de interesante. Durante el almuerzo, surgieron los nombres de Bill Gates y Jeff Bezos. "Pero aún no lo he decidido", replica rápidamente. "Todo mi espacio mental está dedicado a Elon ahora mismo". Lo mismo podría decirse de gran parte del sector corporativo estadounidense; quizá todos seamos adictos al drama.

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