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No sólo la sequía podría impactar negativamente a la soja: ¿recesión global en 2023?

El 2023 será el año en donde se paguen los costos de desinflacionar.

El año 2022 se caracterizó por una muy violenta política monetaria restrictiva encarada por la Reserva Federal de Estados Unidos subiendo las tasas de interés a lo largo de toda la curva. 

Tanto las tasas cortas como las largas han tenido un severo embate ascendente con un objetivo exclusivo: bajar la inflación de Estados Unidos que comenzó cerca de 11% anual y hacia el cierre del 2022 se ubica cerca del 7% anual, con lo que pareciera será una clara tendencia descendente a pesar de algún que otro dato mensual que salga al revés de la tendencia, lo cual suele ser frecuente en datos inflacionarios.

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Todo en economía opera con rezagos y los efectos de la política monetaria restrictiva no son una excepción. En este sentido, gran parte de toda la restricción monetaria impartida por la Fed ya comienza a observarse en su primer efecto, "la tendencia desinflacionaria que viene mostrando la economía norteamericana últimamente". 

Pero la historia lamentablemente no culmina aquí porque esta política monetaria generará en 2023 un efecto que todavía no observamos. Haber subido las tasas de interés en Estados Unidos significa que todo el mundo absorbió dichas subas generando desplazamientos ascendentes en las tasas de interés del mundo entero, por lo que la restricción monetaria se hizo sentir a nivel global en un 2022 que tuvo un objetivo obsesivo: bajar la inflación.

El 2023 será el año en donde se paguen los costos de desinflacionar.

En este frente, en el mejor de los casos, estamos a mitad de camino, pero con una tendencia que apunta hacia una desaceleración inflacionaria lo cual es probablemente la única buena noticia del 2022. El 2023 será el año en donde se paguen los costos de desinflacionar.

Lo que todavía no se hizo sentir y probablemente sea la gran historia del 2023 es la recesión global que probablemente haya generado la suba de tasas de interés en los principales países del mundo durante todo el 2022 y, dado los rezagos con los que opera todo sistema económico, es altamente probable que en el primer semestre del 2023 observemos signos de un mundo que, desde China hasta Estados Unidos, comience a mostrar muy fuertes signos de desaceleración en términos de actividad económica global.

Un mercado que reacciona negativamente ante escenarios recesivos es entre otros, el de commodities, con la soja adentro. Si las dos principales economías del mundo comienzan a desacelerar hacia el 2023, menor será la demanda de commodites y en ese frente, todo país exportador de commodities vería caer sus ingresos ante lo que debiera ser una baja en los precios. 

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Parte de toda esta dinámica ya se viene observando desde el segundo semestre del 2022, en donde casi todos los commodites experimentaron una severa deflación desde los máximos alcanzados al iniciarse el conflicto bélico entre Rusia y Ucrania en febrero del 2022. 

Quizá el ejemplo más notorio es el petróleo, el cual es un commoditie muy sensible al ritmo de la economía global. Si la economía global se enfría, la menor actividad genera una baja de demanda que a su vez produce un retroceso en precios. La baja en la cotización del petróleo desde mediados de año ha sido muy sustancial y probablemente anticipe lo que podría ser un año muy severo para estos mercados e, irónicamente, el mundo se vería beneficiado en este frente dado el sustancial impacto que los commodities suelen tener a la hora de contribuir a la generación de inflación.

De esta forma, es posible imaginar un 2023 que genere un efecto positivo para emergentes, "baja de tasas de interés internacionales", y otro negativo, "baja en la cotización de los commodities". Normalmente, cuando Estados Unidos comienza a bajar tasas de interés el dólar se deprecia contra el resto de las monedas del mundo, incluidas las emergentes. 

Cuando Estados Unidos comienza a bajar tasas de interés el dólar se deprecia contra el resto de las monedas del mundo.

No me sorprendería que el 2023 genere una apreciación global de monedas contra el dólar que, de alguna manera, podría neutralizar los efectos negativos derivados de menores ingresos generados por vender commodities a precios más bajos aun cuando este último efecto debiera dominar.

En este frente entonces se le suma a la Argentina un problema adicional al que ya tiene en la dimensión commodites. La sequía nos viene complicando y ahora, además, habría que esperar los efectos rezagados de todo un mundo que al subir tasas de interés en 2022 se comenzará a enfriar fuertemente en los primeros seis meses del 2023.

De esta manera, por cuestiones internas a la Argentina y por cuestiones externas que involucran un enfriamiento de la economía global, el 2023 podría ser tan complicado como el 2022 para una nación que queda muy vulnerable a todo shock que pudiera ocurrir dado el nivel de deterioro que viene mostrando nuestra economía a lo largo de tantas décadas de hacerlo todo mal.

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