Batallero

La batalla de tres amigas por las cepas criollas y contra el 'elitismo' de los vinos tradicionales

Tres jóvenes sommeliers argentinas se la jugaron por crear su vino propio y apostaron por una idea osada: un vino «itinerante», de uvas criollas y que rompe todos los manuales/¿Cómo es hacer vinos en tinajas? ¿Por qué quieren «romper la elite» y enamorar a más gente de los vinos naturales? ¿Cuál es el futuro de Batallero? ¿Con qué enólogos trabajan?

 Amistad, proyectos, sueños cumplidos, coincidencias, magia... A juzgar por las palabras que describen su historia, Batallero podría ser un vino dulce; y hasta desequilibrado, porque no hay en esa descripción ni un solo término que se acerque a la dificultad. Sin embargo, son vinos que de naif no tienen nada.

Pauli Scapuccio, Valen Aguerre y Suelem Alves se conocieron mientras cursaban la carrera de sommelier en la Escuela Argentina de Vinos (EAV). En tercer año, el plan de estudios sumó materias de marketing y comercialización, y Suelem les propuso a sus amigas elaborar un vino propio, en conjunto, para aplicar todos los conocimientos que adquirían en una marca real.

"En realidad, primero nos juntamos para hacer el Atelier del Vino; durante la pandemia notamos que la gente se volcaba más al vino, nos pedían sugerencias sobre qué comprar, entonces empezamos a organizar catas de cepas poco tradicionales y vinos de baja intervención", cuenta Suelem.

Ese espíritu se reflejó en Batallero. "Queríamos hacer un vino de una variedad criolla, con vinificaciones no tan tradicionales. La idea era que cada una pudiera hablar de Batallero desde diferentes puntos de vista para su tesis y así fue", resume Valen.

Contactaron a Lucas Richardi, enólogo y uno de los responsables de Casa Tano, bodega que también elabora vinos personalizados para terceros. Claro que había una cantidad mínima de botellas: 250; "nos parecía un montón porque no pensábamos comercializarlo, pero terminamos haciéndolo igual", señala Valen.

¿Y cómo participaron del proceso estando a la distancia?

Suelem: nosotras le dijimos que queríamos un vino naranjo, de sed, elaborado con variedades criollas, entonces él recorría viñedos y nos iba diciendo qué tenía para ofrecernos que iba con eso, después probaba cuánto tiempo de pieles, y así... fue todo muy rápido, empezamos a hablar con él en diciembre y en febrero el vino ya estaba en proceso.

Empezaron por Mendoza y para el segundo vino cambiaron de enólogo y de lugar.

Pauli: Sí, la idea de Batallero es que sea un proyecto de vino itinerante, por eso vamos sumando lugares y productores.

V: tenemos una relación abierta (risas). En 2022, fuimos a Barreal, a hacer vino con Simón Tornello, de 35.5, lo habíamos conocido en un almuerzo que organizó una amiga y nos volvimos locas escuchándolo porque él es el guardián de las cepas criollas, nos contagió aún más la pasión por las cepas criollas.

P: Fuimos con la idea de hacer un naranjo y estando ahí surgieron dos más, otro naranjo, de tinajas, y un rosado. Simón laburó con nosotras toda la semana, se convirtió en un amigo, toda su solidaridad, la paciencia de enseñarnos, sus ganas de divertirse... en uno de los viajes que hicimos el año pasado, en mayo, para ir a probar los vinos, terminamos todos abrazados llorando.

Batallero Naranjo de Tinaja es hijo de un acto de fe y esa osadía que lo hizo nacer se traslada también al vino: aromático, turbio, salvaje. Está elaborado como se hacían los primeros naranjos de la historia, en la región del Cáucaso, hace más de 6 mil años. Allí fermentaban las variedades blancas con pieles y semillas en vasijas o tinajas de barro y luego las enterraban para controlar la temperatura del vino.

¿Los Batallero necesitan explicación o la gente los disfruta y ya?

V: Tratamos de contarlo simple y nos sale fácil salir del speech técnico porque lo que hacemos es contar la experiencia, lo que nos pasó haciendo estos vinos. Cuando hablamos la gente se enamora.

¿Encuentran muchos prejuicios al hablar de baja intervención?

V: Sí, sigue habiendo una resistencia, hay una cuestión elitismo dentro de lo que es el vino, eso de la estructura, la elegancia y esto es otro nicho.

S: La batalla de los Batalleros es romper eso, romper la elite y que la gente pueda conocer la delicadeza de las variedades criollas, de esta delicadez vos podés extraer complejidad entendiéndola como un ser vivo. Todavía hay gente que piensa que un vino tiene que ser sí o sí con paso por madera, con final largo y no necesariamente es así.

P: Buscamos que los consumidores entiendan que cada botella de nuestros vinos es distinta y es un mundo. Si querés probar vinos naturales tenés que librarte a la experiencia.

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Hasta ahora hablamos de lo que hicieron en 2021 y 2022, ¿cómo vino 2023?

Este año volvimos a Barreal, y también hay vinos nuevos, uno surgió porque se nos había roto la tinaja, entonces empezamos a buscar ceramistas y dimos con Lucas Méndez, que justo es viñatero y vive en San Rafael, con él hicimos un tinto de tinaja, 100% artesanal que llega a fin de año. Y también hicimos nuestro primer blanco, otra vez con Lucas Richardi, con uva de Maipú, Mendoza.

Este año hay más botellas entonces.

S: Sí, por suerte. La verdad es que hicimos mucha amistad vinera y mucha gente nos apoyó desde el principio, por eso nuestros vinos llegaron a lugares donde queríamos estar. Pero bueno, el aprendizaje fue cómo distribuir porque nos quedamos en el ay, qué bueno, todos quieren Batallero y después no teníamos cómo reponer.

P: nosotras hacemos todo a pulmón, tenemos distribución propia. Ahora lo que hacemos es darle prioridad a los lugares que nos apoyaron desde siempre, aunque el consumidor entiende cada vez que son partidas limitadas y que el vino no va estar siempre.

Fotos: Kala Moreno Parra.

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